jueves, 11 de noviembre de 2010

CURRÍCULUM




(Mario Benedetti - Joan Manuel Serrat)

El cuento es muy sencillo
usted nace en su tiempo
contempla atribulado
el rojo azul del cielo
el pájaro que emigra
y el temerario insecto
que será pisoteado
por su zapato nuevo.

Usted sufre de veras
reclama por comida
y por deber ajeno
o acaso por rutina
llora limpio de culpas
benditas o malditas
hasta que llega el sueño
y lo descalifica.

Usted se transfigura
ama casi hasta el colmo
logra sentirse eterno
de tanto y tanto asombro
pero las esperanzas
no llegan al otoño
y el corazón profeta
se convierte en escombros.

Usted por fin aprende
y usa lo aprendido
para saber que el mundo
es como un laberinto
en sus momentos claves
infierno o paraíso
amor o desamparo
y siempre, siempre un lío.

Usted madura y busca
las señas del presente
los ritos del pasado
y hasta el futuro en ciernes
quizá se ha vuelto sabio
irremediablemente
y cuando nada falta
entonces usted muere.

El cuento es muy sencillo.

EL REY SABIO





GIBRÁN KHALIL GIBRÁN

Había una vez, en la lejana ciudad de Wirani, un rey que gobernaba a sus súbditos con tanto poder como sabiduría. Y le temían por su poder, y lo amaban por su sabiduría.

Había también un el corazón de esa ciudad un pozo de agua fresca y cristalina, del que bebían todos los habitantes; incluso el rey y sus cortesanos, pues era el único pozo de la ciudad.

Una noche, cuando todo estaba en calma, una bruja entró en la ciudad y vertió siete gotas de un misterioso líquido en el pozo, al tiempo que decía:

-Desde este momento, quien beba de esta agua se volverá loco.

A la mañana siguiente, todos los habitantes del reino, excepto el rey y su gran chambelán, bebieron del pozo y enloquecieron, tal como había predicho la bruja.
Y aquel día, en las callejuelas y en el mercado, la gente no hacía sino cuchichear:

-El rey está loco. Nuestro rey y su gran chambelán perdieron la razón. No podemos permitir que nos gobierne un rey loco; debemos destronarlo.

Aquella noche, el rey ordenó que llenaran con agua del pozo una gran copa de oro. Y cuando se la llevaron, el soberano ávidamente bebió y pasó la copa a su gran chambelán, para que también bebiera.

Y hubo un gran regocijo en la lejana ciudad de Wirani, porque el rey y el gran chambelán habían recobrado la razón.

lunes, 22 de septiembre de 2008

REDACCION HIPERTEXTUAL


"El diario en transición: de producto a servicio; de monomedio a multimedia", es un archivo en formato power point que hace un análisis resumen de los 10 primeros años del periodismo en Internet.


Esta presentación PPS fue elaborada por el profesor Rosental Calmon Alves, brasileño, pionero del periodismo para Internet en América Latina.


Calmon Alves es el autor de la célebre sentencia para los periódicos: "Moriran los diarios impresos que ignoren la revolución digital".


Y es bajo esta óptica de advertencia la fijación que hace del periodismo tradicional en trancisión hacia los nuevos tiempos.


Señala, entre otras cosas que " Una década es muy poco tiempo en la creación de un nuevo medio o del periodismo en ese nuevo medio", y que este período fue apenas de calentamiento.


Añade que el verdadero boom de Internet está empezando y se basa en pilares sólidos, al contrario de la burbuja especulativa de los 90 y no necesita intentar revocar la ley de la gravedad, como en los 90, para entender los éxitos de Internet (y del periodismo digital).


El "gurú" del periodismo digital en América Latina, añade dos conceptos y desafíos en igual proporción: la Mediamorfosis y el Mediacidio.



"Financiación de los medios ciudadanos", una conferencia de Rosental Calmon Alves, en el Primer Congreso Internacional de Nuevo Periodismo, se puede ver en Yo Tube













domingo, 14 de septiembre de 2008

El pellejo del camaleón




Meterse en la piel de los protagonistas es posible. Lo practican muchos periodistas de crónica, pero hay un peligro evidente: rasgarnos las vestiduras para que se nos vea el hueso del otro.
Arcadi Espada lo ilustra con propiedad: "Dentro de la piel de los otros no se ve nada". Nada.
Para muchos es una hazaña informativa: vestirse de mendigo, maquillarse la cara con polvos de pobreza y hundir las manos en el fango cierto de una ilusión. Todo para hacerse pasar por indigente que pide limosnas a peatones y conductores en la ciudad. Saber cuánto gana el pordiosero, conocer cuánto desprecio sienten las personas de él y qué cara debe mostrar para causar lástima.
Para mí es pura ficción, espejismo de múltiples contradicciones altisonantes, periodismo al servicio de la entelequia de la conciencia social.
Lo que gusta al lector como una variedad informativa es un insulto al hambre y de ninguna manera, una necesidad.
El pellejo de uno tiene límites en el pellejo del otro. El camaleón tiene la facultad de asimilarse al color del medio ambiente. En las personas se atribuye esta cualidad a quienes cambian con facilidad de parecer. Pero el camaleón, por más que lo intente, no será igual a otro camaleón, aunque las personas tengan la capacidad de cambiar de opinión.
En el reino animal, los primates imitan a los humanos, pero se notan las diferencias, por suerte para los monos. Ni la ciencia con la clonación ha podido probar la equivalencia genética entre dos tipos, aunque muestren rasgos físicos semejantes. La personalidad y el temperamento están ligados a la genética y a condicionantes del ambiente.
Volvamos al falso mendigo. Vive hasta el mediodía la realidad de indigente. A la tarde se disfraza de periodista para contar su historia. Al día siguiente su crónica se desplaza en una página. Como el diario analizó la noche anterior que esta historia tendría un gran impacto social, autorizó un avance de considerable tamaño en la portada.
Los límites del reportero saltan a la vista. No es un mendigo, no vive ni ha vivido como tal. No tiene una historia más que contar que la experimentó por unas horas. No vive por dentro lo que viven a diario los indigentes. Muchos de ellos comparten cuartos arrendados en tugurios o subsisten debajo de los puentes, comen las sobras que les dan los otros y duermen en pisos fríos con cobijas de cartón.
¿No era mejor contar la historia del mendigo desde su realidad, desde su entendimiento del mundo, con su pasado y presente? ¿Por qué el periódico escogió la variante de un engaño y no la posibilidad de hacer un acompañamiento periodístico? ¿Por qué el diario no eligió mejor disfrazarse de alcalde, de empresario próspero o de potentado terrateniente? Prefirió asumir la apariencia de los esclavos de éstos.
La mayoría de medios de comunicación en el Ecuador asumen esta tendencia sin reparar en la intimidad de las personas. El mejor caldo de cultivo para estas crónicas es la pobreza.
Las salas de redacción inducen esta práctica y hasta las escuelas de Comunicación de las Universidades ven como normal y hasta didáctico meterse en la piel de la gente.
Las salas de redacción deben alertarse para no caer en este sutil engaño que trastoca los modos informativos y los códigos de ética que no admiten la suplantación.
Mantener la distancia con los protagonistas desde una visión objetiva que pueda contar la verdad de los hechos y no desde un maniquí al que acomodan la indumentaria de acuerdo a la temporada. Ese es el desafío.

Los límites del acceso a la información pública





¿Cuales son las dificultades que tienen los periodistas para acceder a fuentes oficiales, y cuánto afectan estas cortapisas a la calidad de la información?

De acuerdo al artículo 81 de la actual Constitución, el Estado garantizará el derecho a acceder a fuentes de información.

La Ley Orgánica de Transparencia y Acceso a la Información Pública (LOTAIP) amplía las potencialidades de este "derecho a acceder a las fuentes de información, como mecanismo para ejercer la participación democrática respecto del manejo de la cosa pública y la rendición de cuentas a la que están sujetos todos los funcionarios del Estado, y demás entidades obligadas por esta Ley".

Añade la necesidad de "hacer efectivo el principio de publicidad de los actos, contratos y gestiones de las instituciones del Estado y de aquellas financiadas con recursos públicos o que por su naturaleza sean de interés público".

Y hace referencia a "la norma constitucional que establece que no existirá reserva respecto de informaciones que reposen en archivos públicos, excepto de aquellas que por seguridad nacional no deben ser dadas a conocer".

Pero cuánto de lo constitucional y legal cumplen los administradores de las instituciones públicas del Estado.

¿A qué periodista no se le ha invitado a participar en un banquete rosa que antecede a la difusión, con bombos y platillos, de una obra de gran impacto político disfrazada de social, que presenta un gobierno local a su ciudad?

Pero a contramano, y en la misma proporción, qué periodista no ha experimentado la vejación a su derecho legítimo "a acceder a la fuente", cuando, para completar una investigación acude a esa misma institución cuyo titular le niega la información que consulta por considerarla "delicada" (Digo yo, si lo que quiso decir es que esa información le afectará a sus intereses personales o gremiales).

Pero hay autoridades más avezadas en el arte de salir al paso a preguntas complicadas. Con coartadas muy bien trabajadas, consiguen hasta confundir al periodista con respuestas como: "Todavía no tratamos el tema".

Pero si se siente descubierto, su contestación es: "El asunto está siendo trabajado por una comisión que se nombró hace poco y los resultados de la delicada investigación se darán a conocer lo más pronto posible". Ese "más pronto posible" es sinónimo de "quizá" o "nunca".

El siguiente paso es instruir a sus empleados de confianza a mantener como cierta esa mentira y que éstos a su vez la transmitan de manera estratégica al personal.

Pero hay otra maniobra más engañosa que suelen emplear los funcionarios públicos para no entregar información, y que la practican con igual disimulo y hasta con cierta alevosía diplomática.

La respuesta a determinada consulta, es: Dicen los jefes departamentales que dice la junta directiva en la que trabaja que dice una resolución al respecto que dice que la única persona que puede dar información es su titular; llámese gerente, director, alcalde, prefecto, gobernador, subsecretario, etc., etc., etc.

Pero este manido recurso que refleja el recelo como estilo para gobernar, cae por su propio peso, y es más, se convierte en una peligrosa forma de evadir las responsabilidades del administrador y las de sus subalternos.

¿Quién conoce más? pregunto yo, el Alcalde o el director del Departamento de Medio Ambiente de ese Municipio, sobre de los impactos que causa a los habitantes de una ciudad la emisión de gases nocivos de una fábrica cercana porque aplica una técnica inadecuada a cielo abierto en su proceso productivo, industria que está sometida por ley y normas locales a la vigilancia de ese Municipio ¿Qué paradoja no?

Ese director de Medio Ambiente, que trabaja dos años para ese Municipio y conoce con sobradas razones la legislación ambiental y de los permisos otorgados a esa fábrica, no puede responder, únicamente por razones políticas.

Ese director de Medio Ambiente, que tiene el título de ingeniero ambiental, un Diplomado en Gestión Ambiental y una Maestría en Salud Ocupacional, ha trabajado en proyectos de investigación en la universidad que dejó temporalmente para prestar sus servicios a ese Municipio, está atado de manos para dar respuesta a una consulta que es de su exclusiva responsabilidad.

Mientras que, la máxima autoridad municipal, que fue elegida por votación popular, y que tiene entre sus obligaciones, el nombrar a los mejores técnicos en los cargos directivos, es el único facultado (o dicho con propiedad, auto facultado) para referirse, con imprecisiones y generalizaciones, a temas que desconoce.

¿Qué periodista no ha pagado los platos rotos de los políticos que hicieron declaraciones desatinadas?

Cuando ven publicada la información que les puso en apuros con otros actores políticos, dan el grito en el cielo y utilizan el único recurso que consideran adecuado para salvar su imagen: las famosas "cartas al director".

Esa carta de reclamo, la escriben, sus subordinados entre los cuales, por supuesto está, el técnico que conoce sobre la materia. ¿Qué ironía, no?

Aquella misiva desesperada incluye frases como: "Yo no declaré eso, esto o aquello" ó "El periodista que redactó la noticia ha distorsionado mis declaraciones" ó "La información que publicó el periodista atenta al buen ganado nombre del medio de comunicación que usted acertadamente dirige" y "Solicito a Usted comedidamente se rectifique la información por el daño causado a mi persona y a la institución a la que represento".

Aquí aclaro, que no me refiero a las fallas en las que incurrió el redactor, sino a las equivocaciones de quienes tienen la ineludible responsabilidad de rendir cuentas por sus actos.

No quiero dejar de referirme en este espacio al papel que cumplen ciertos funcionarios y ex funcionarios que entregan información "exclusiva" y que podría ser clave para el abordaje periodístico.

Una información a la que ellos calificaron en determinado momento como "delicada", pero ahora saben que su difusión causará una gran conmoción social, y que, en esencia, apunta a perjudicar a sus enemigos políticos con quienes ahora se ha distanciado.

Aunque sea una información de gran valor, debemos ubicarla en su real contexto, olfatear las intenciones del aportante que, por lo general, conllevan revanchas particulares.

Debemos preguntar si ese personaje está dispuesto a responsabilizarse con declaraciones a la denuncia contra fulano de tal.

Porque de otra manera, caeríamos en el grave error de que un tercero nos utilice para sus propósitos. Por lo general, esas informaciones tienen una doble intención: que aquel que denuncia como anónimo quiere hacer caer a su contrincante para encaramarse políticamente.

Tampoco podemos desechar una información así, pero debemos darle el tratamiento adecuado, y sobre todo, actuar con ética a prueba de escándalos infundados y de estrellatos que no tienen beneficio de inventario.


Caso

Las negativas que recibía de funcionarios de la Municipalidad de Cuenca para no conceder entrevistas a periodistas sobre temas "comprometedores" tenían alguna razón, y había que descubrirla.

Recientemente acudí a la Jefatura de Comunicación de la Municipalidad, y fue su titular quien me dio la respuesta: un oficio del Alcalde, con fecha 9 de julio.

La misiva está dirigida por el primer personero a los jefes, directores departamentales y gerentes de empresas municipales, en los siguientes términos:

"Por medio de la presente, comunico a Usted que, para dar cumplimiento con lo que manda la Ley de Transparencia y Acceso a la Información, en concordancia con la Ley Orgánica de Régimen Municipal, toda información que sea requerida a su dependencia bien sea por personas naturales o jurídicas, así como de empresa privadas o públicas, será entregada previo conocimiento y autorización de esta Alcaldía".

La Ley Orgánica de Transparencia y Acceso a la Información Pública (LOTAIP) en su artículo 5 establece como información pública a "todo documento en cualquier formato, que se encuentre en poder de las instituciones públicas y de las personas jurídicas a las que se refiere esta Ley, contenidos, creados u obtenidos por ellas, que se encuentren bajo su responsabilidad o se hayan producido con recursos del Estado".

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